Carta I. Punto de inflexión


No sé por qué me pasa esto. Un día quiero comerme el mundo y estoy convencida de que la gente me conocerá, que soy válida y no solo eso, sino que incluso valgo la pena. Poco después, quizá incluso unas horas más tarde, solo soy capaz de compararme, de preguntarme qué estoy haciendo y para qué, y llego inexorablemente a la conclusión de que ni sé el camino que estoy siguiendo ni de que vaya a llegar a alguna parte, quizá ni avanzar. En estos momentos me siento sola, aunque sé que no lo estoy, pero me parece tan imposible que alguien entienda esto, o que quiera entenderme a mí... ¿Para qué? Soy nada, lo digo y pienso con tal convencimiento ahora mismo que parece increíble que un día antes estuviera orgullosa de mí misma. O que simplemente no me odiara.
Odiar no es la palabra, es una emoción muy fuerte, no creo merecer ni eso. Paso desapercibida, o es como si nunca hubiera pasado. Escribo desde mi cama, escuchando llover, y me siento como si estuviera fuera, expuesta a todo para acabar reducida a barro, más ordinaria y desapercibida aún.
La tormenta amaina, y no hablo solo de la de fuera. Escribir ayuda más de lo que creía, aunque no consigo que lo que quiero decir cobre sentido ni para mí. Quizá nunca lo tuvo. Pero me vacía y creo que ahora es lo que necesito.
Ojalá fuera consciente de mis emociones. Sentirme bien conmigo misma siempre, o estar tan acostumbrada a la sensación de fracaso que no me hunda de golpe cada vez que aparece. En realidad no estoy segura de haber fracasado siquiera, porque para eso hace falta intentar algo y no me da la sensación de que esté haciendo nada que pueda triunfar o fracasar.
Me limito a pasar como una oveja más del rebaño, que siempre he criticado, y no solo paso sin pena ni gloria sino que además me quejo de los (inexistentes) resultados de este estilo de vida. Más bien lo llamaría sobrevivir, porque no tiene emoción más allá de la zona de confort. El riesgo de salir, o uno de ellos, supongo que es esta emoción contradictoria constante, así que debería valorar cómo y qué quiero.

Una vez vomitado el cúmulo de emociones, con o sin sentido, porque total esto no es para nadie, me siento liberada. Ahora mismo tengo la sensación de que, al margen de lo que pasa, lo que siento se mueve en ciclos. Igual que una onda o una montaña rusa, estoy en el pico más bajo, pero es el momento de subir de nuevo. A ver si dura.


Comentarios